León Ortega en su taller

Antonio León Ortega fue uno de los escultores mas prolíficos e interesantes del Siglo XX español y constituye junto al insigne poeta moguereño Juan Ramón Jiménez y al noble pintor nervense Daniel Vázquez Díaz el triplete sobre el que se fundamenta el Patrimonio Artístico de la Provincia de Huelva, teniendo su producción escultórica repartida por casi todos los pueblos de la provincia.

Nació el 7 de diciembre de 1907 en una finca en la que trabajaba su padre en la ciudad de Ayamonte, provincia de Huelva.

Desde los doce años mientras pastoreaba realizó sus primeras obras de forma autodidacta, mostrando unas dotes innatas para la escultura.

Se formó en Madrid desde 1926 hasta 1934. Cursó y concluyó los estudios de Escultura y de Profesorado de Dibujo en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando.
Tuvo como maestros entre otros a Benlliure, Capuz, Benedito y Adsuara, con este último trabajó durante una etapa realizando escultura civil.

Trabajó en Huelva desde el año 1938 en su taller de la calle San Cristóbal, que compartió con el pintor Pedro Gómez.
En 1962 se trasladó a un nuevo taller en la calle Aviador García Morato, (ahora Medico Luís Buendía), hasta el año 1985 en el que una enfermedad le retiró totalmente.

En 50 años de trabajo realizó casi quinientas obras, en diversos formatos y materiales, madera, bronce, mármol y terracota.
Realizó una gran parte de las imágenes de la Semana Santa de Huelva y Ayamonte y de muchos pueblos de las provincias de Huelva y Badajoz y tiene otras obras religiosas y civiles en Sevilla, Madrid, Salamanca, Cádiz, Cáceres, Pontevedra, Iberoamérica, Bélgica, Estados Unidos, etc., así como muchas otras pertenecientes a coleccionistas privados de España y América.

En su época madrileña realizó una escultura modernista propia del momento.
León Ortega realizó una de las esculturas más serias, rigurosas y personales del siglo XX español, y creó un estilo propio inconfundible e insólito en la imaginería andaluza, consiguiendo sus mejores obras en los grupos escultóricos, el Descendimiento de Huelva es su obra cumbre, y en los Crucificados.

Sus primeras obras religiosas son barrocas, pero poco a poco a medida que se va consolidando como escultor da rienda suelta a su verdadero estilo. Admirador de Brancusi, va reduciendo paulatinamente en sus imágenes todo el material expresivo superfluo e innecesario y se va quedando con el sustancial para poder conmover. Aún hoy su estilo no es comprendido por aquellos que solo saben admirar el barroquismo en su peor acepción.

Pero aquí estamos hablando de otra cosa. Dominador absoluto de la materia como demuestra en sus esplendidas obras barrocas, como el Jesús de la Victoria, el Ángel de la Oración, los Yacentes de Huelva y Ayamonte, Jesús de la Humildad, el Pasión de Ayamonte, Jesús de las Tres Caídas, Jesús de la Entrada Triunfal, los Nazarenos de Moguer y Beas, el Cristo de la VeraCruz o el del Perdón, el no quiere seguir transitando por ese camino y su búsqueda tiene su magnifico inicio en el Cristo de la Sangre y a partir de ahí el Descendimiento de Huelva, la Virgen de las Angustias, el Cristo de las Aguas, el Cristo de la Concepción de Huelva, el Cristo de la Fe, el Cristo de Sancti Spiritus de Salamanca, el Crucificado de Cuatro Vientos de Madrid…

Sus Dolorosas, que no son muy apreciadas por su austeridad expresiva, están en la línea del granadino José de Mora, que realizó las mas autenticas y espléndidas de toda la imaginería española como relata en su magnifica obra La Gran Época de la Imaginería Española el insigne Historiador Manuel Gomez-Moreno en su critica de la Virgen de los Dolores de la Iglesia de Santa Ana de Granada:
“… La Virgen de Mora, por el contrario, lo recoge dentro del pecho, lo oculta en los ojos bajos, lo guarda para sí, más hondo cuanto más intimo y callado, y sólo se revela por las lágrimas que corren en silencio, sin crispar el rostro, pero dejándolo tenso y frío. No es dolor, es pena; esa pena andaluza que puede matar, pero que queda ignorada.
Mora es el mas finamente sensible de los escultores granadinos… es el suyo un arte de matices recogido e intimo… “

En este estilo están las Dolorosas de León Ortega siendo excelentes exponentes la Virgen del Amor de la Hdad. de las Tres Caídas de Huelva o la Virgen de las Angustias de la Soledad de Huelva, entre otras muchas. Nada de belleza superficial, nada de dolor exagerado, tan solo pena, esa pena andaluza…

Aquellos que no saben ver, interpretan esta simplificación en las formas como falta de facultades y era justo de lo que andaba mas que sobrado. La evolución que en otros artistas es alabada aquí es vituperada.

Realizó además multitud de retratos, actividad que le gustaba especialmente.

Siendo virtuoso del modelado y de la escultura directa de la madera lo compartió siempre con la generosa enseñanza del dibujo y del modelado.

Falleció en su casa de Huelva el 9 de enero del año 1991 y fue velado en un aula de la Escuela de Arte que lleva su nombre, apreciado y admirado por sus conciudadanos.